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¿Se acerca el fin de la radio?

¿Será acaso que la radio, ese medio de comunicación que revolucionó la convivencia familiar en las primeras décadas del siglo XX, tiene sus días contados?

Cuando un periodista joven te hace una entrevista, nunca falta la pregunta de cajón: Y la radio… ¿todavía tiene futuro? ¿Cómo se defiende frente a la televisión? Me hace gracia esta presunción del medio radiofónico con los días contados. En la edición internacional de RadioWorld se lee lo siguiente: Un estudio realizado por la Pontificia Universidad Católica de Chile, una de las entidades de educación superior más respetadas de ese país, ha dejado a la radio en muy buen pie: el estudio demostró que la radio concentra niveles superiores de recepción que la televisión, en ambos sexos y en todos los sectores socioeconómicos (el 62.1% de los chilenos dedica más horas a escuchar radio que a ver televisión). Además, el estudio mostró que el público asigna mayor credibilidad a la radio.[1]

En Latinoamérica, el número de radios ha crecido de forma acelerada.
En Latinoamérica, el número de radios ha crecido de forma acelerada.

Si se hiciera la misma investigación en otros países de la región, sospecho que obtendríamos resultados similares. Además, a los agoreros de otros medios hay que mostrarles las cifras: nunca estuvieron más saturados los diales, nunca hubo más estaciones y receptores de radio en nuestros países.[2] Ningún medio de comunicación tiene tanta penetración como la radio, alcanzando prácticamente a toda la población latinoamericana y caribeña.[3]

Hoy se escucha más radio que en los años 50. Lo que pasa es que también se ve más televisión. Se ven más películas (aunque no sea en el cine), se habla más por teléfono, se navega más en Internet, se consumen más horas que nunca accediendo a todos los medios que estén a nuestro alcance. Cada uno tiene su originalidad, su espacio ganado en la vida diaria, sus ventajas y limitaciones, sus fanáticos y detractores. Pero todos coexisten.

Como bien dice Rafael Roncagliolo, los medios de comunicación no se suplantan, sino que se reacomodan.[4] Sucede lo del visitante que llega tarde, buscamos una silla más y el círculo de amigos y amigas se agranda. Nadie se va, todos se acondicionan en el salón. Cuando la radio nació, fue la prensa escrita la que se llenó de celos y se preocupó por el nuevo medio que ofrecía una mayor inmediatez informativa. Tanta fue la indignación de los periódicos, que prohibieron a la radio tomarlos como fuente informativa. Prohibieron a las agencias de prensa vender información a las emisoras. Desesperados, intentaron aprobar leyes que impidieran a la radio transmitir noticias. Naturalmente, de nada sirvieron estas intolerancias.

La radio alcanzó un papel protagónico durante la Segunda Guerra Mundial.
La radio alcanzó un papel protagónico durante la Segunda Guerra Mundial.

Fue precisamente la Segunda Guerra Mundial la que puso de manifiesto la importancia informativa de la radio. El público estaba ávido por saber los acontecimientos y no iba a esperar a la mañana siguiente para conocerlos en los periódicos. La radio brindaba noticias calientes, había arrebatado para siempre la primicia informativa. Ante esto, los periódicos reacomodaron sus funciones y descubrieron una nueva responsabilidad de análisis, de confirmación de los hechos, de interpretación de un mundo confuso y complejo.

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De la misma manera, cuando la televisión aparece, la radio se reacomoda y, como ya dijimos, cambia de espectáculo familiar a compañía individual.

            —¿Por qué le gusta tanto oír radio, señora?

            —Porque me trae el vecindario a casa.

Para acompañar la soledad y para amenizar la compañía, para informarse cuanto antes de lo que pasa y para olvidarse lo antes posible de lo que pesa, así es la radio, como esos vehículos todo terreno: para toda situación.

Para colmo de bienes, la radio, ya rejuvenecida por la movilidad que le brindó el transistor, se embelleció aún más con el desarrollo de la FM —una nueva franja del espectro de menor alcance pero mayor calidad, especialmente para las emisiones musicales— y con la estereofonía.

Actualmente, la radio goza de excelente salud. La emisión a través de las nuevas frecuencias digitales (DAB), la difusión ya no sólo por ondas hertzianas, sino por fibra óptica y satélite, la recepción de alta fidelidad con equipos también digitalizados, hacen que la radio participe plenamente en la revolución de las nuevas tecnologías y en el universo multimediático. Cada vez más emisoras colocan su programación completa, 24 horas y tiempo real, en Internet. Con un teléfono móvil, una laptop o un computador de escritorio, es posible captar vía satélite y a la magia de la Internet, docenas de millones de canales con señales multimedia.[5]

La radio ha evolucionado y se ha adaptado favorablemente a las propuestas de las nuevas tecnologías.
La radio ha evolucionado y se ha adaptado favorablemente a las propuestas de las nuevas tecnologías.

En cuanto a las grabaciones digitales, éstas eliminan todos los ruidos espurios y permiten sacar copias, y copias de copias, sin perder la menor calidad de una generación a otra. El mp3, el OCG y la grabación directa al disco duro de la computadora o dispositivos de almacenamiento externos, sustituyen aceleradamente al magnetófono.

Nunca como hoy se cumple la sentencia de Bertolt Brecht: de repente, se tuvo la posibilidad de decirlo todo a todos. Ojalá no se cumpla su segunda parte: … pero, bien mirado, no se tenía nada que decir.[6]

Referencias:

[1] Las cifras de la investigación son elocuentes: en promedio, los chilenos escuchan cerca de cuatro horas en el hogar, una hora y media en el trabajo y casi media hora en automóvil o en transporte colectivo. El 97% de la población oye radio, el 84.1% lo hace a diario y sólo el 2.9% asegura no escucharla. En cuanto a los programas preferidos, la música ocupó el primer lugar con el 98%. Las noticias recibieron el 75.1% superando al deporte, que recibió el 43.5%. Los espacios con animador en vivo recibieron el 51.7%. RadioWorld, 18 septiembre 1996, volumen 20, número 19.

[2] Ecuador, con 17 millones de habitantes, cuenta con 985 emisoras de radio. El número de FMs ha crecido en 425% respecto a la cifra de 1994.

[3] El inventario de medios de comunicación realizado por CIESPAL en 1993 da cuenta de 315 aparatos receptores de radio y 142 de televisión por cada 1000 habitantes . Estas cifras ya han aumentado. Págs. 144 y 392.

[4] Rafael Roncagliolo: La radio sigue siendo el medio de comunicación más universal. Puede decirse que los ciudadanos se enteran de las noticias por la radio, las confirman por la televisión y las reflexionan, al día siguiente, con el diario… Tal especialización explica que no haya habido reemplazo de la radio por la televisión, como no lo hubo cabalmente del cine por la televisión ni del teatro por el cine, ni del libro por el periódico… La historia de los medios registra sumatorias y especializaciones, no desplazamientos mecánicos. Y la especialización ha hecho de la radio contemporánea el único medio que tiene permeabilidad absoluta y requiere de la participación sincrónica, en vivo, de los oyentes. El lenguaje de la radio, ponencia presentada en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, Zacatecas, México, abril 1997.

[5] Proyecto WorldSpace, RadioWorld, 16 octubre 1996, volumen 20, número 21.

[6] Lluís Bassets, De las ondas rojas a las radios libres. Gustavo Gili, Barcelona, 1981, pág. 55.

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